| Venezuela Verde Part.3 |
|
|
|
|
Luego de quince días efectivos de trabajo a pesar de las pésimas condiciones de luz, nos vimos en la impostergable decisión de trasladarnos a una zona en la que se consiguieran mejores condiciones climáticas y que pudiera ofrecernos aves relacionadas al proyecto matriz: 50 Aves Vinculadas a Cuerpos de Agua. Decidimos trasladarnos a Falcón, a unas 8 horas en carro en donde además nos esperaba un buen amigo quien administra una posada familiar en una aldea llamada Curimagua, a dos horas y media del Parque Nacional los Médanos de Coro, y más cerca aún de El Supí, Adícora, Tucacas, Chichiriviche y el Parque Nacional Morrocoy. Fue un viaje largo y tedioso, considerando que incluso nos perdimos ya que tomamos una ruta por Carora y era por Barquisimeto, lo cual nos hizo extraviarnos en la noche en medio de una tormenta eléctrica que nos acompaño durante las dos últimas horas hasta la llegada a Curimagua.
Una vez más el agua nos seguía y esta vez más intensamente que en los días anteriores, no pudimos escapar de los continuos aguaceros torrenciales que escasamente nos permitieron salir de la posada en donde esperamos pacientemente por una mejoría del tiempo la cual llegó al cuarto día; eran las 5.30 am cuando nos levantó un sol radiante y el canto de una de las aves que no sabíamos hasta el momento que estuviera en la zona y mucho menos en las inmediaciones de la posada, el Campanero Herrero, Procnias averano. Aquí con la compañía de Alexis León quien amablemente nos facilitó las instalaciones de su posada: Flores de Salomé, un lugar inolvidable, antiguamente propiedad de un artista plástico y en medio de una plantación de café de sombra transcurrieron tres días más en donde logramos ver también la Urraca Cosquiol, el Turpial Común, el Jipato de Nuca Blanca, el Cardenal Coreano, El Colibrí Anteado, Pericos Cara Sucia y otra a serie de aves que ya citaremos en el listado de aves de la zona. Ya al final decidimos visitar Pecaya, un pueblo vecino muy pobre en donde según nos informaban, era posible ver el Cardenal Coreano muy de cerca ya que estaba bastante habituado a la gente como en efecto fue, tuvimos la hembra y el macho a escasos metros de distancia en un tunal en medio de un sembradío de sábila y de otra agavacea que se conoce en la zona como Cocui del cual se extrae un licor famoso en la zona.
Aquí conocimos un personaje singular que creo jamás olvidaremos, Rufino, un lugareño de 73 años con un amplio conocimiento de la ornitofauna de la región quien nos guió durante un par de días por la zona llevándonos a ver varias especies de aves emblemáticas de la zona y además nos ofreció tierras regaladas, así como se escucha, regaladas, simplemente teníamos que escoger la parcela y más nada, cercábamos, construíamos y ya, para nada desdeñable la propuesta, no obstante la rechazamos y decidimos continuar nuestro periplo por el estado. CORO, NO ERA EL MOMENTO APROPIADO
Ya habíamos inventariado bien la zona y documentado lo que pudimos y creímos suficiente, por ello partimos a Coro, sin detenernos antes a hacer unas panorámicas de los médanos, mientras esperábamos la hora en la que nos citamos con un amigo: Benito Mieces, figura destacada en el mundo cultural de la región. Lamentablemente cuando llegamos a la ciudad, había un evento el cual no nos permitió llegar a la casa de Benito y tampoco disfrutar de las bondades escénicas del lugar, sin duda muchas, no en vano Coro fue declarada patrimonio de la humanidad hace ya unos años. Decidimos movernos hacia Adícora, en la búsqueda de una reserva de fauna que lleva por nombre Reserva Forestal Boca de Caño, en donde la búsqueda era capturar en imágenes algunos Flamingos, imprescindibles para nuestra publicación. ADICORA ERA UN PUNTO ESTRATÉGICO
Aquí llegamos a la posada Quinta Mariana, sorprendidos del mal estado del entorno , una cantidad indescriptible de basura por doquier, lo cual ya venía observándose a lo largo del recorrido que hacíamos del Estado, pero ya aquí el asunto derivó en un pueblo-basurero, un tema indescriptible, algo que nos dejó marcados ya que lo más preocupante era la indiferencia de sus pobladores quienes pareciera ya estaban completamente habituados. No obstante decidimos quedarnos aquí ya que la ubicación era estratégica, Boca de Caño a 5 minutos, Cabo San Román a 30 minutos, Punto Fijo a 45 minutos, Coro a 50 minutos, El Supí a 5 minutos y Tiraya a 10 minutos. Diez días nos llevó conocer la zona, siendo el Cerro Santana tal vez lo más destacable en materia de hacerse de una idea clara de la zona ya que desde arriba se lograba visualizar una buena parte del estado quien muy amablemente nos mostró nuestro guía, Francisco, también conocido como “Rústico”, un lugareño que parecía la única persona conciente del estado de inmundicia y desidia del lugar, quien tenía en su haber la creación de un parque para niños hecho a partir de materiales reciclados, los cuales como era obvio eran abundantes.
Ya llevábamos casi 40 días de viaje y decidimos enrumbarnos hacia el Cabo San Román para cerrar el capítulo de Falcón, allí llegamos y nos recibión un campeonato de kite Surf, una vez más centenares de autos, mucho ruido y pocas aves, SIN EMBARGO, CINCO DE LAS ESPECIES QUE BUSCABAMOS PARA EL LIBRO 50 AVES RELACIONADAS A CUERPOS DE AGUA LAS ENCONTRAMOS EN BOCA DE CANO, RESERVA DE FAUNA SILVESTRE (EL UNICO SITIO LIMPIO DE LA ZONA) así que nos decidimos y al otro día partimos hacia Caracas en dode nos esperaba Lalo, un gran amigo con quien haríamos uno de los recorridos más salvajes de nuestra expedición y en donde creo se legitimaría el concepto de AVE, Archivo Visual Especializado.
|














