| Fundación Proyecto AVE visitó la Estación Biológica Dr. Alberto Fernández Yépez |
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El Parque Nacional Henri Pittier fue decretado como tal en el año 1937 con el objetivo de darle la mayor protección a esta área natural de gran interés nacional e internacional por su rica fauna, y especialmente su avifauna, ya que se estima que en su territorio están presentes 520 especies de aves, que representan 6,5% de las especies registradas a nivel mundial.
En 1945, una comisión científica de la Sociedad Zoológica de New York, coordinada por William Beebe y con apoyo económico de la Creole Petroleum Corporation y el gobierno venezolano, reacondicionan algunas habitaciones de la construcción, con la finalidad de realizar investigaciones faunísticas en el sitio. Este fue el primer paso para que, posteriormente, se fundara la Estación Biológica de Rancho Grande en el año 1950 por el Ministerio de Agricultura y Cría, bajo la dirección del ornitólogo Ernst Schäefer. Fue por este motivo que la Fundación Proyecto AVE escogió este importante punto de observación de la naturaleza con el fin de conocer al decano de los Parques Nacionales de Venezuela. Así pues, la Fundación Proyecto AVE se trasladó al Parque Nacional Henry Pittier, en concreto a la Estación Biológica “Rancho Grande”, para establecerse por unos días e iniciar la búsqueda de algunas de las especies que tenían pendientes registrar y fotografiar. La expedición tenía el cometido de monitorear una serie de ejemplares endémicos de la región para incluirlas en el Archivo Visual Especializado de la Fundación.
Para llevar a cabo tal labor de monitoreo y registro fotográfico, se contó con la colaboración del personal de Estación Biológica y del personal de Inparques, quienes acompañaron al equipo de la Fundación y sirvió de guía en los recorridos dispuestos para captar a las especies en observación a través de la lente. Esta vez, el equipo de la Fundación tenía como tarea especial ubicar y registrar al Perico cola roja (Pyrrhura hoematotis), el Pico de Frasco Esmeralda (Aulacorhynchus sulcatus), la Candelita migratoria (Setophaga ruticilla), el Conoto Aceituno (Psarocolius angustifrons), la Tangara mejillas rufas (Tangara rufigenis) y en especial, el Sorocuá Acollarado (Trogon collaris exoptatus) y el Quetzal (Pharomachrus). Estos dos últimos fue imposible ubicarlos debido a las condiciones ambientales poco favorables durante esos días. Sin embargo, la experiencia fue única pues justo el Parque Nacional Henry Pittier reúne una cantidad importante de especies que son el reclamo de ornitólogos, entomólogos y tantos otros investigadores de la vida silvestre venezolana. Tanto nacionales como extranjeros. Durante la visita a la Estación “Rancho Grande” tuvieron la oportunidad de compartir con un grupo de estudiantes de Biología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Núcleo Maracay, quienes asistían a un curso de entomología que dictaba el profesor José Alejandro (Pepe) Clavijo Albertos, reconocido entomólogo y Director del MIZA Museo del Instituto de Zoología Agrícola de la UCV, a quienes acompañaron en la recogida de datos en las respectivas mesas de trabajo –in situ-. Igualmente hubo oportunidad de compartir con Miguel Lentino, Director Científico de la Fundación William H. Phepls. Con él se participó en la colocación de algunas “Redes de Niebla” como parte del proceso de captura e identificación de especies y el monitoreo e inventariado de la población de aves migratorias, que lidera esta organización ambientalista.
El equipo de campo de la Fundación Proyecto AVE finalmente logró obtener gran parte de las imágenes que tenían en la hoja de ruta de la expedición. No obstante queda pendiente una próxima visita a este importante reservorio nacional para completar las labores de monitoreo y documentación de algunas especies de las cuales aun no se posee registro alguno o de muy mala calidad. Por lo demás, la experiencia de adentrase en semejante entorno natural no deja sino sensaciones respecto a lo hermoso y sublime de la vida silvestre venezolana y de las opciones que aún quedan en pro de su conservación. Aún hay tiempo para conservar mucho de lo que ofrece la biodiversidad venezolana. Depende de cada uno de nosotros.
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