Venezuela Verde Part.1 PDF Imprimir E-mail
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PobreEl mejor 

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El pasado 30 de junio de 2009, el equipo de la Fundación Proyecto Ave inició una travesía de dos meses y medio a través de la geografía nacional con el propósito de continuar la labor que viene realizando desde su proyecto bandera: UMIAA, Unidad Móvil de Investigación Ambiental Alternativa.

Como ya nuestros seguidores saben, UMIAA es la cristalización de seis años de gestión investigativa y del esfuerzo multidisciplinario de un equipo de documentalistas e investigadores de temas medio ambientales, a través del cual se busca continuar produciendo material de corte educativo referido a temas de conservación ambiental y de promoción del conocimiento ecológico.

Para ello se decidió partir desde el estado Táchira, en donde funciona la sede principal de nuestra organización, hacia el estado Mérida, específicamente al municipio Santos Marquina en las inmediaciones de Los Aleros, en donde en repetidas ocasiones se había tratado de fotografiar el Pájaro de Agua, Cinclus leucocephalus, el cual finalmente se logró, vale la acotación, considerando que este viaje está fundamentalmente orientado a la culminación de nuestro cuarto libro: 50 Aves Vinculadas a Cuerpos de Agua.

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Luego de haber conseguido la anhelada imagen y haberla complementado con un buen registro de una Candelita Gargantipizarra, Myioborus miniatus y Colibrí Orejivioleta Verde, Colibri thalassinus, se decide abandonar el estado Mérida y enrumbarse al estado Barinas a través del páramo por la carretera transandina, con el fin de instalarse en una zona que se conoce con el nombre de San Isidro, un escenario reconocido mundialmente por ornitólogos como el destino ideal para la observación de aves poco comunes y en su mayoría amenazadas el hombre y sus dinámicas vinculadas al desarrollo.

Es primero de julio cerca del medio día y finalmente se llegó a la entrada de San Isidro, tristemente destruida por una mina de feldespato, propiedad de una empresa dedicada a la elaboración de cerámicas para revestimientos, quien además tiene una suerte de alcabala en donde hay que anunciarse para conseguir acceso a las ya amenazadas selvas circundantes.

Luego de concluidos todos los trámites burocráticos para poder accesar, nos enrumbamos varios kilómetros adentro en busca de un lugar ideal para montar el campamento base y comenzar el trabajo de inventario fotográfico y audiovisual de la zona.

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Tal cual y como se había previsto se montó el campamento base ya bien entrada la tarde y se procedió a dar un vistazo muy superficial del entorno, como la luz era muy pobre, escasamente permitió montar los implementos para cocinar y luego de ello más el agotamiento del viaje y montaje de campamento, nos llevó a las carpas a descansar hasta el otro día.

A primera hora antes de despuntar el alba ya estábamos en pie recorriendo la zona, que a nuestro juicio, una de las más bellas que hayamos tenido la oportunidad de ver a lo largo de los dos meses y medio que nos quedaba por delante todavía de viaje.

Uno de los principales atractivos de este primer día fue la enorme variedad de mariposas, las cuales dedicamos la jornada entera a documentar hasta que el cielo comenzó a oscurecerse y reventó en un aguacero torrencial, lo cual dicho sea de paso, fue así a lo largo de los seis días más que estuvimos en este hermoso lugar.

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No obstante, a pesar del mal tiempo que nos acompañó por el resto de los días, se consiguió fotografiar algunas aves, que a pesar de no estar contempladas para la publicación del libro que nos llevó a este largo viaje, son de gran importancia para el resto de las publicaciones que están contempladas para el año 2010.

Entre las que se podrían citar están el Capitán Cabecirojo, Eubucco bourcierii, Gallito de la Sierra, Rupicola peruviana y unas tres especies más que aún no logramos identificar, pero que ya están en manos de otros especialistas que cuestión de días nos darán los nombres exactos.

De este modo transcurrieron seis largos días de lluvia copiosa que no nos dejó trabajar sino a ratos y obviamente no obtuvimos las luces necesarias para conseguir imágenes atractivas, sin embargo se lograron algunos registros medianamente interesantes para nuestro banco de imagen de vida natural.

El séptimo día, luego de haber permanecido una buena parte de ellos metidos en las carpas guareciéndonos del mal tiempo, tomamos la decisión de partir hacia el estado Yaracuy, específicamente a la estación ecológica la Guáquira en donde nos esperaba el Dr. Carlos Rivero Blanco, a unas cinco horas de distancia de nuestro campamento base.

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