| Venezuela Verde Part.2 |
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Como citaba en el primer artículo, nos llevó 5 horas llegar a la Estación Ecológica La Guáquira a escasos minutos de San Felipe la capital del estado Yaracuy, una hacienda que desde hace ya varios años le abrió un espacio a decenas de investigadores de distintas áreas de la biología y la conservación ambiental.
Como en anteriores ocasiones nos recibió Orlando Escalante, quien además de ser el encargado de la estación ecológica, es un guía ideal para conocer los sitios de mayor interés de la hacienda, allí estaba junto a algunos pasantes de la UCV, profesores, investigadores como Rosa Briceño del Decanato de Agronomía de la UCLA quien acompañaba a un investigador mexicano especializado en parásitos, específicamente bracónidos e ichnemónidos, Alejandro Saldivar, quienes nos acompañaron durante dos de los ocho días que duró nuestra estadía en este templo natural. La primera noche nos dedicamos junto a los entomólogos a documentar parte de las especies que habían caído en las trampas de luz ya montadas desde días anteriores y así aprovechamos de hacernos de un nutrido conjunto de imágenes de insectos de distintas familias y muy en especial de algunas de las decenas de polillas que pueden superar la imaginación del más destacado director de cine de ficción.
Al otro día como estaba previsto a primera hora de la mañana ya estábamos en la selva de galería del río Yaracuy, en busca de aves vinculadas a cuerpos de agua que pudieran complementar parte del trabajo que ya teníamos adelantado para esta cuarta publicación que buscamos esté lista a principios de 2010. Pero aquí también nos acompañó el mal tiempo, digo mal tiempo, considerando que lo que se busca es obtener imágenes de campo en las cuales son de vital importancia las jornadas soleadas, pero muy buen tiempo para una gran parte de la biodiversidad del lugar, la cual depende directamente del agua como elemento regulador de sus vidas. Aquí en la Guáquira la humedad relativa es del 98 % y no varía en mucho a lo largo de todo el año, lo cual hace de este sitio un medio bien agresivo para la salud del equipo fotográfico, profundamente vulnerable a los hongos y demás problemas que se derivan del contacto con el agua en cualquiera de sus estados.
Por esta razón, los primeros días no pudieron ser tan productivos como hubiésemos querido pero contábamos con instalaciones físicas para alojamiento y procesamiento de datos, que en ocasiones en pleno campo se hacen un poco más tediosos, por lo tanto se podría decir que los primeros días se aprovecharon para poner en orden parte del trabajo de la semana anterior y parte de lo que se conseguía hacer in situ en las pocas horas en que no llovía. Ya a partir del cuarto día la lluvia bajó en intensidad y pudimos dar una mejor vuelta de reconocimiento en la que vimos con más detalle las potencialidades del lugar y así pudimos estructurar rápidamente un plan de documentación que como es usual cuando se trabaja en campo no respondía exactamente a nuestra búsqueda principal, aves vinculadas a cuerpos de agua.
La potencialidad de la zona en materia ornitológica nos indicó que las oportunidades fotográficas estaban enfiladas hacia los semilleros, abundantes y de fácil acceso, por lo tanto decidimos montar el hide en las sabanas adyacentes a la selva de galería del Yaracuy y dedicarnos por cerca de tres días a documentar la gran mayoría de las especies, entre las cuales conseguimos buenas imágenes de: Espiguero Canelillo, Sporophila minuta, Espiguero Bigotudo, Sporophila lineola, Espiguero Pico de Plata, Sporophila intermedia, Espiguero Ventricastaño, Sporophila castaneliventris, entre otras especies de las que no se obtuvo buen registro. De este modo transcurrieron la mayoría de los días y las noches, dedicadas a la documentación de insectos y otras especies de hábitos nocturnos y crepusculares como algunas serpientes y anfibios de los cuales algunos mostraremos en este reportaje más la acostumbrada lista de especies de aves avistadas durante la estadía en cada lugar.
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